
PNL quiere decir Programación Neurolingüística, y nació en los años setenta, cuando Richard Bandler y John Grinder se preguntaron qué hacían distinto los terapeutas que lograban cambios profundos en sus consultantes. Encontraron patrones, en la forma de hablar, de preguntar, de mirar la experiencia, y los ordenaron para que otros pudieran aprenderlos.
El nombre dice mucho: neuro, porque todo lo que vivimos pasa por el sistema nervioso; lingüística, porque el lenguaje organiza la experiencia; programación, porque repetimos formas de pensar y de sentir que aprendimos, y lo que se aprendió se puede reaprender.
PNL: Lo que te decís importa
No es lo mismo decir “tengo que” que “quiero”, no es lo mismo “soy un desastre” que “esta vez no me salió”, y aunque parezcan detalles, cada frase le indica al cuerpo cómo responder, con tensión o con calma, con miedo o con ganas.
En la PNL miramos cómo armás tu experiencia por dentro: qué imágenes aparecen, qué tono tiene esa voz que te habla, qué sentís en el cuerpo, y desde ahí se pueden cambiar respuestas que parecían automáticas.
¿Cómo uso la PNL en sesión?
Soy Trainer certificada en PNL y la integro en todas mis sesiones, junto con la biodecodificación, la hipnosis y las constelaciones familiares. La PNL me sirve para ordenar lo que aparece, para encontrar la frase que traba y para anclar recursos: esos estados de calma, de confianza o de fuerza que ya viviste alguna vez y que podés volver a encontrar.
Una pregunta para vos
¿Cuál es la frase que más te repetís cuando algo sale mal? Escribila, mirala un rato, y preguntate de quién la aprendiste.
Si querés trabajarla conmigo: Quiero una sesión con Pompeya